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    viernes, 30 de julio de 2010

    Incomprensible



    “Se despojó a Sí Mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2:7).


    Cuando Pablo habla del sufrimiento de Cristo en sus cartas, lo hace sobre todo
    con los ojos puestos en asuntos concretos de la iglesia. La fe en el Cristo crucificado y glorificado se debe hacer realidad en la vida de la iglesia. Pero Él se humilló a Sí Mismo. Ese es un texto con unas connotaciones bastante fuertes. Inmediatamente dirige nuestros pensamientos hacia el final de la vida de Jesús. La pregunta en realidad es, si el profundo contenido de este texto penetra lo suficiente en nuestro corazón. Voluntariamente Él eligió ser esclavo para ser un siervo. Eso significa que los derechos humanos no están vigentes para Él. Significa que Él vino a encontrarse en un estado miserable, como ya había profetizado Isaías en los capítulos 52 y 53. “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebrantos” (Is. 53:3). Todo esto tuvo lugar durante Su vida en esta tierra, aunque Él había podido recibir honra divina. Finalmente Él fue obediente hasta la muerte y colgado en la cruz. Hasta escarnio y difamación para muchos, pero por Su sangre expiatoria fue y es perdón de los pecados para el que cree. Por Su sufrimiento y muerte reconciliadora Dios quiere dar vida eterna al pecador arrepentido. Él ha ido por este camino con los ojos puestos en nosotros hombres. Él no buscó Su propio interés sino el nuestro. En cualquier caso eso no es comprensible, porque es totalmente contrario a nuestra naturaleza humana. Esa naturaleza nos impulsa con frecuencia a sacar provecho a costa del otro. Este Señor Jesucristo no hace eso. Él se liberta de este aprovecharse, que perjudica a los otros. En lugar de eso se humilló a Sí Mismo, para que el otro fuese levantado. Eso solo es por creer. Pablo escribe este párrafo porque ha constatado que hay una falta de unidad en la iglesia de Filipos. En el verso 2 del capítulo 2 les llama a ser unánimes. Esa unanimidad no estaba clara y Pablo está persuadido que esto no hace bien a la
    iglesia: a.- No hacia fuera, pues cómo van a ser los demás atraídos hacia Cristo si ven que los cristianos se fastidian unos a los otros de todas las maneras posibles. b.- No hacia dentro, porque cómo los jóvenes podrán cumplir las verdades de la fe si ven que los mayores continuamente están en desacuerdo con esto y por ello se tratan de una manera desagradable. Por eso él señala a Cristo y llama a la iglesia para que en ellos haya los mismos sentimientos que hubo en Cristo.
    Eso significa: “no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (2:4). Cuando una vez más leí bien el texto, hallé esta importante confrontación. El Salvador se despoja de toda gloria -a la que tenía derecho-, para adquirir mi salvación. Yo por el contrario pienso primero en mis propios intereses en las cosas que yo haga. ¿Cuántos conflictos
    no aparecen por eso? Eso es muy decepcionante. La Escritura me empuja hacia otro comportamiento. Hacia la consciencia de que yo mismo soy el mayor de los pecadores y más que nadie necesito también de la gracia de Dios. Para seguir realmente a Cristo con modestia y humildad.



    D. Boers

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