
“Gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de Su gloria os gocéis con gran alegría” (1 Pedro 4:13).
Según Pablo el sufrir forma parte de la vida del cristiano. Eso quiere decir: sufrir por el Nombre de Cristo. ¿Es eso todavía reconocible en nuestro tiempo? Este texto nos sitúa en primer lugar en el sufrimiento de Cristo. Podemos imaginar cómo Él caminó por las calles de Jerusalén, llevando Su cruz. Imaginarse lo duro que esto ha sido, es realmente imposible. Con la gente a lo largo de
la ruta mofándose de Él, y finalmente la crucifixión. Cuando Él cuelga allí de la cruz, la burla no cesa. Le insulta: “A otros salvó; sálvese a Sí Mismo, si este es el Cristo, el escogido de Dios” (Lucas 23:35). Él no responde y permanece allí colgado. Callado, puesta la mirada en los que cuelgan con Él. Él ha puesto Su vida con amor por muchos. Como con el hombre
paralítico en el estanque de Betesda y el hombre que era llevado por cuatro amigos y puesto delante de Él. Les miró con amor y les sanó. Y también entonces le escarnecían y se mofaban. Incluso se le acusaba de blasfemo. Así sufrió Él en todas Sus horas sobre la tierra. Porque
era el Hijo de Dios y Dios quiso que siendo justo muriese por los injustos. “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro
3:18). Injustos que tenían que sufrir el juicio de Dios, pero por la fe en Él pueden esperar la vida eterna. Aquí está en el texto que encabeza este comentario que un cristiano participa de los padecimientos de Cristo. Incluso se nos dice que cuanto más participemos de Sus padecimientos, más grande será la alegría. Debemos mirar bien lo que se pretende decir con eso. En ningún
caso se lee que un cristiano debe buscar el sufrimiento o el martirio. Tampoco está que sólo se puede decir que la vida cristiana es auténtica, si un cristiano va a parar a la cárcel. El verso 14 habla de la afrenta por el Nombre de Cristo. Así que las imprecaciones y burlas llegan
cuando un cristiano hace notar que él quiere obedecer a Cristo. También cuando manifiestas tu fe en el trabajo. Porque sabes seguro que la fe puede ayudar a ese otro para darle una forma
mejor a la vida de él o de ella. Porque también ese otro necesita de un Salvador. No se trata de muy grandes formas de sufrimiento, sino de situaciones en las que una persona vive la esencia de la fe cristiana. ¿Qué creo yo y que hago yo con eso? Momentos que llevan a Cristo para buscar Su rostro y para implorar sabiduría y poder. Esos son también momentos, en los que la alegría por
el Nombre de Cristo puede ser mayor. “Porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobrevosotros” (verso 14). La cuestión que el texto nos propone, es si hay tal vivencia de sufrimiento por el Nombre de Cristo. Si esa pregunta se tiene que responder negativamente,
está la siguiente pregunta, estamos tan adaptados a este mundo que no despertamos ya ninguna oposición. Entonces será bueno ver lo que dice el verso 12, que no nos puede sorprender si el
sufrimiento acompaña el ser cristiano. Así, pues, nos debe preocupar si no hay sufrimiento alguno. Ya que el texto establece una relación entre el sufrimiento y la revelación de Su gloria. Como hace Pablo en Romanos 8:17: “Si es que padecemos juntamente con Él, para que
juntamente con Él seamos glorificados”. El que cree en Él, heredará esa gloria, pero también tendrá contradicción y experimentará el sufrimiento. Eso es normal, dice Pablo, pertenece a la vida del creyente. ¿Pertenece también a tu vida?
Según Pablo el sufrir forma parte de la vida del cristiano. Eso quiere decir: sufrir por el Nombre de Cristo. ¿Es eso todavía reconocible en nuestro tiempo? Este texto nos sitúa en primer lugar en el sufrimiento de Cristo. Podemos imaginar cómo Él caminó por las calles de Jerusalén, llevando Su cruz. Imaginarse lo duro que esto ha sido, es realmente imposible. Con la gente a lo largo de
la ruta mofándose de Él, y finalmente la crucifixión. Cuando Él cuelga allí de la cruz, la burla no cesa. Le insulta: “A otros salvó; sálvese a Sí Mismo, si este es el Cristo, el escogido de Dios” (Lucas 23:35). Él no responde y permanece allí colgado. Callado, puesta la mirada en los que cuelgan con Él. Él ha puesto Su vida con amor por muchos. Como con el hombre
paralítico en el estanque de Betesda y el hombre que era llevado por cuatro amigos y puesto delante de Él. Les miró con amor y les sanó. Y también entonces le escarnecían y se mofaban. Incluso se le acusaba de blasfemo. Así sufrió Él en todas Sus horas sobre la tierra. Porque
era el Hijo de Dios y Dios quiso que siendo justo muriese por los injustos. “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro
3:18). Injustos que tenían que sufrir el juicio de Dios, pero por la fe en Él pueden esperar la vida eterna. Aquí está en el texto que encabeza este comentario que un cristiano participa de los padecimientos de Cristo. Incluso se nos dice que cuanto más participemos de Sus padecimientos, más grande será la alegría. Debemos mirar bien lo que se pretende decir con eso. En ningún
caso se lee que un cristiano debe buscar el sufrimiento o el martirio. Tampoco está que sólo se puede decir que la vida cristiana es auténtica, si un cristiano va a parar a la cárcel. El verso 14 habla de la afrenta por el Nombre de Cristo. Así que las imprecaciones y burlas llegan
cuando un cristiano hace notar que él quiere obedecer a Cristo. También cuando manifiestas tu fe en el trabajo. Porque sabes seguro que la fe puede ayudar a ese otro para darle una forma
mejor a la vida de él o de ella. Porque también ese otro necesita de un Salvador. No se trata de muy grandes formas de sufrimiento, sino de situaciones en las que una persona vive la esencia de la fe cristiana. ¿Qué creo yo y que hago yo con eso? Momentos que llevan a Cristo para buscar Su rostro y para implorar sabiduría y poder. Esos son también momentos, en los que la alegría por
el Nombre de Cristo puede ser mayor. “Porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobrevosotros” (verso 14). La cuestión que el texto nos propone, es si hay tal vivencia de sufrimiento por el Nombre de Cristo. Si esa pregunta se tiene que responder negativamente,
está la siguiente pregunta, estamos tan adaptados a este mundo que no despertamos ya ninguna oposición. Entonces será bueno ver lo que dice el verso 12, que no nos puede sorprender si el
sufrimiento acompaña el ser cristiano. Así, pues, nos debe preocupar si no hay sufrimiento alguno. Ya que el texto establece una relación entre el sufrimiento y la revelación de Su gloria. Como hace Pablo en Romanos 8:17: “Si es que padecemos juntamente con Él, para que
juntamente con Él seamos glorificados”. El que cree en Él, heredará esa gloria, pero también tendrá contradicción y experimentará el sufrimiento. Eso es normal, dice Pablo, pertenece a la vida del creyente. ¿Pertenece también a tu vida?
